La Filosofía Trascendental de Kant significó un
“giro copernicano” para la metafísica. Su
posición frente a la metafísica es
paradigmática. Le atribuye ser un discurso de
“palabras huecas” sin contenido
real, la acusa de representar “las alucinaciones de un
vidente”, pero por otra
parte recoge de ella la exigencia de universalidad. Kant se
propuso fundamentar
una metafísica “que pueda presentarse como ciencia”. Para ello
examinó primero
la posibilidad misma de la metafísica. Para Kant las cuestiones
últimas y las
estructuras generales de la realidad están ligadas a la pregunta por el
sujeto.
A partir de este presupuesto dedujo que hay que estudiar y juzgar aquello que
puede ser conocido por nosotros. A través de su criticismo se diferenció
implícitamente de las posiciones filosóficas que tienen como objeto la pregunta
sobre
qué es el conocimiento. Se alejó así de las tendencias filosóficas imperantes,
tales
como el empirismo, el racionalismo y el escepticismo. También a través
del criticismo
marcó distancia del dogmatismo de la metafísica que -según Kant-
se había convertido
en una serie de afirmaciones sobre temas que van más allá
de la experiencia humana.
Intentó entonces de llevar a cabo un análisis
detallado de la facultad humana de
conocer, es decir, un examen crítico de la
razón pura, de la razón desvinculada de lo
sensible (Crítica de la razón pura,

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